jueves, 4 de octubre de 2012

ACLARAR EL "yo"

              

Esta es una cuestión primordial: ¡ Aclarar el “yo”!
Sin esto, todo lo demás no son más que mentiras, aunque  las puedan creer todos los seres del Universo.

Desde este “yo”, desde esta conciencia personal, ¡Cuánto anhelo por comprender! Pero cuando se cree comprender algo, en verdad, solo acabamos de estancar un poco de agua del inconmensurable río de la existencia, y acabará oliendo mal.

La Existencia es un “Misterio” y no necesita explicación ni comprensión. Es ajena a esas expectativas del ego, aunque sean las de un ego sutil y espiritual.
En este “Misterio” están todas las dimensiones en las que los seres, conscientes o inconscientemente, estructuran la realidad que crean y perciben desde la egóica identidad.
Iluminar toda identificación es un buen comienzo para aclarar el “yo”, pues solemos identificarnos y encerrarnos en los limites de... mi cuerpo, mis pensamientos, con mis ideas, con mis emociones, con mis pensamientos, con mis sentimientos, con mis circunstancias, con mi mente, con mi corazón,...con mi país, con mi raza, con mi cultura, con mi historia, con mi planeta, con una partícula o con una galaxia, etc. La identificación es apego y alimento para el “yo”.
Solo hay una forma de traspasar e iluminar el “Misterio” y es ¡VIVIR! Y vivir es un verbo que solo se realiza y se conjuga en un tiempo: el gerundio; es decir: ¡viviendo!. Por eso es tan difícil, incluso para aquellos que llevan “practicando” muchas vidas. Quieren realizarlo y conjugarlo en tiempos imposibles.
Vivir es el misterio mismo, es esa “corriente” que acoge a todas las formas y fenómenos en su seno,  es ellos mismos y la vacuidad desde la que surgen. Y solo viviendo es posible la  liberación de uno mismo, el mayor embaucador. Es por eso  que todo cuanto se diga al respecto, por muy bien intencionado que sea, no es más que echar polvo en el espejo, crear nubes en el inmenso cielo azul.

Sin embargo hay que “apuntar” viviendo, porque aquí y ahora muchos seres humanos sienten hurtada la historia de su existencia en este mundo de las formas, de átomos y planetas, estrellas y galaxias, de emociones y pensamientos. El conocimiento de su conexión con la Vida toda, en el Universo en el que están, se percibe manipulado; no satisface.
Y saltan al escenario cuestiones que van dinamitando ese mundo en el que se sienten encerrados y en el que ahora, una ciencia endiosada y absolutista y la espiritualidad de consumo, nos llenan de conceptos abstractos. Y en el que las socializadas o integristas religiones aportan sus estrechos cauces y dogmas intocables y alienantes. Es el caldo de cultivo perfecto para nuevas doctrinas y desvaríos difíciles de tragar,  pero que sin embargo tienen legiones de crédulos entregados, pues ofrecen un consuelo a la angustia y ansiedad de muchos seres humanos, abriendo el campo mercantilista de las técnicas del bien-estar y las terapias de la felicidad como somníferos remedios.

¿Por qué tanta limitación perceptiva?
¿Por qué tanta soledad en un Universo tan vasto?
¿Por qué tanta ignorancia y tanto conflicto?
¿Es acaso el pasado solo memoria y recuerdos?
¿Es el futuro solo deseos y pretensiones?
¿Quiénes somos?
¿Qué teatro es este?

El alba de una nueva dimensión, de una nueva perspectiva, está surgiendo desde la posición cósmica de esta humanidad aquí y ahora. Aflora una nueva conciencia. Es el devenir de causas y condiciones. El gran río de la creación acomete un nuevo tramo, un cauce distinto, un fluir diferente, con nuevos “paisajes” en los que antiguas semillas ahora son árboles, flores y frutos y en los que antiguas rocas se han transformado en fértil tierra para nuevas semillas. También surgen nuevos “elementos” que pueden traer nuevas inquietudes, si antes no aclaramos el “yo”.

Incluso para muchos de aquellos seres humanos que ya atisban este nuevo amanecer, siguen existiendo deseos y expectativas que no les permiten fluir liberados este nuevo tramo del gran río de la VIDA. La rueda sigue girando. Los deseos y expectativas pueden ser más “espirituales”. El giro más armonioso. Pero al fin y al cabo expectativas limitantes.
Y también nuevas identificaciones  e identidades, pues aunque se vayan difuminando las del viejo mundo, se siguen llevando trajes.
¡Perfecto!
Pero no creemos nuevos Dioses, aunque sean de un mundo nuevo, de distinta naturaleza o de otras dimensiones. Cese el culto a toda personalidad. ¡Que nadie engañe a nadie convirtiéndose en Mesías o Avatar!
“Caminante, no hay camino, son tus huellas nada más”.
Todas las estructuras, sean de la dimensión que sean, son inconsistentes, impermanentes, carecen de esencia propia y acaban transformadas, disueltas y derribadas. Todas las dimensiones no son más que limitaciones perceptivas, incluso aquellas que sostienen a las identidades más sublimes.

Dejemos fluir este nuevo amanecer sin maniatarlo con nuestros apegos no iluminados, pues para ver con esta nueva luz es necesario aclarar el “yo”, el ego, la identidad.

Sin duda alguna, el deseo construye mundos y nuevos deseos construyen nuevos mundos. Pero hay un deseo que encadena a todos los mundos que construimos bajo los más sólidos  grilletes y es el deseo de ser, de continuar, de permanecer como algún “yo”, de una u otra forma. Todo vale para tal fin: nos vale el miedo, nos vale la fe, nos vale la esperanza, nos valen nuevas doctrinas, nos valen nuevas teorías, cosmológicas...nos valen lo que digan los profetas o los charlatanes. Todo nos vale.
Sin embargo nada permanece como “yo”, ni la ola ni el océano. Hasta la más grandiosa estructura cósmica, con independencia de su tamaño y naturaleza, esta en continua transformación, es impermanente y... en su impermanencia se haya ¡la inmortalidad!
Este deseo de ser es el último en abandonarse, el que causa mayor sufrimiento, el más sutil, hasta el punto de disfrazarse de “espiritualidad”...¡Yo soy!. ¡Soy el yo superior!, ¡Soy conciencia!, ¡Soy el Todo!, ¡Soy la Nada!...Soy, Soy, Soy.
¿Acaso este querer ser no es la forma espiritual del ego, un “yo” más?

La verdadera liberación es liberarse de uno mismo y entonces ocurre el “milagro”, el “salto cuántico”: ¡No hay un “yo” liberado!

Hay que iluminar todos los apegos, también el apego a la propia práctica. Y liberarse de todo tipo de consideraciones erróneas acerca de lo correcto y lo incorrecto, del bien y del mal, de la vida y la muerte, de los tres tiempos, etc.
Luego no hay que quedarse estancados en el nihilismo de la no-acción, la indiferencia y el vacío estéril.
No quedarse atrapado ni en el mundo de los fenómenos, ni en el mundo celestial de la no-forma.

Cuando en un momento, en un solo instante, se realiza este dominio, entonces el “yo” está en su sitio, tendrá cabida funcional y se puede fluir con ciclos y acontecimientos sin quedar atrapados en ellos. Ya no te atrapará ninguna emoción, idea o pensamiento, ni  el vacío ni ningún fenómeno, sea este “la crisis”, el “2012”, un anillo fotónico, cualquier visión o percepción, o el Universo infinito por desbordante que parezca.

Ahora bien si lo que se quiere es consuelo y “comer filete”, aunque sea permaneciendo dormido en un capullo protector, pues también perfecto, así podréis quedaros colgados de cualquier mundo o dimensión.

Pero entonces os pregunto una cosa:
¿Seréis capaces de calentaros con la luz de la luna?

GYOJI

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